Recuerdo que, en una feria de joyas en Basilea, un creador de joyas muy admirado en su profesión, Karl Reister, me decía, leyendo los textos que acompañaban mis joyas: “Observo que tus joyas van íntimamente ligadas con tus escritos”. Me dejó perpleja. Pero es verdad. Necesito escribir a posteriori sobre la pieza realizada. Será que tengo miedo que el pensamiento del observador se desvíe y quiero dirigirlo hacia el motivo principal de mi ejecución, que no es crear solamente belleza sino poner de relieve un tema, intentar descifrar un enigma.
Mis joyas no son respuestas: son observaciones sobre los sentimientos, la natura o los momentos esenciales de una vida.
Y mis escritos continúan cuestionando siempre.
Más todavía.










